La relación entre Charles Leclerc y Carlos Sainz ha sido un compendio de emociones durante sus años compartiendo equipo. Desde estrategias cuestionables hasta intensas batallas en pista, ambos han demostrado una competitividad saludable sin llegar a los choques físicos. Sin embargo, el panorama cambió en 2025 cuando Lewis Hamilton se incorporó al equipo. En apenas dos grandes premios, ya hubo incidentes notorios entre Hamilton y Leclerc, marcando un giro inesperado en las dinámicas internas del equipo. El primero fue un contacto sutil en Australia, mientras que el segundo, más severo, ocurrió en China, dejando secuelas visibles en el vehículo de Leclerc pero sin detener su rendimiento.
El ambiente dentro del garaje sigue siendo positivo, aunque Frederic Vasseur enfrenta el desafío de gestionar las expectativas tras un comienzo decepcionante para el SF-25. La doble descalificación en Shangái, debido a problemas técnicos con ambos autos, dejó al equipo reflexionando sobre ajustes cruciales. Mientras Hamilton lograba destacar en el esprint previo, su estilo de conducción parecía no ser compatible con las necesidades de carrera larga del coche. Este contraste generó tensiones sutiles entre los pilotos, quienes deben encontrar un equilibrio óptimo en los reglajes del monoplaza para maximizar su potencial en diferentes escenarios.
En medio de estos desafíos, tanto Hamilton como Leclerc coinciden en identificar a McLaren como el principal oponente a vencer. A pesar de las dificultades, este reconocimiento mutuo refleja una mentalidad estratégica orientada hacia el futuro. Más allá de los conflictos internos y externos, lo que queda claro es que el éxito en la Fórmula 1 depende no solo del talento individual, sino también de la capacidad de adaptación y colaboración dentro del equipo. Este espíritu de superación continuará definiendo el rumbo de Ferrari en esta temporada cargada de incertidumbre y oportunidades.