Durante más de un mes, un avanzado avión de combate F-35B perteneciente a las fuerzas armadas británicas permaneció inmovilizado en el aeropuerto de Trivandrum, ubicado en el estado indio de Kerala, tras sufrir una avería inesperada. Este incidente no solo provocó un frenético despliegue de ingenieros y personal militar para llevar a cabo reparaciones urgentes, sino que también desató un sinfín de especulaciones y memes en línea. La aeronave, valorada en aproximadamente 85 millones de dólares, estaba asignada al portaviones Príncipe de Gales, que se encontraba en el mar Arábigo. Su aterrizaje forzoso en la India, supuestamente debido a condiciones meteorológicas adversas, dio inicio a una peculiar saga que subrayó tanto los desafíos técnicos de la aviación moderna como las complejidades de la diplomacia internacional y la seguridad de la información.
El aparato, un F-35B, se encontró varado en una pista india, lejos de su base operativa. A pesar de su estado, la aeronave, conocida por su tecnología de sigilo y su naturaleza altamente clasificada, se mantuvo a la intemperie durante tres semanas, soportando el clima monzónico. Las autoridades militares del Reino Unido tomaron la decisión de no trasladarlo a un hangar compartido con aeronaves civiles, con el fin de proteger sus sistemas sensibles de miradas indiscretas, especialmente de técnicos que podrían no estar autorizados o de agentes de potencias rivales como China, Irán o Rusia. Esta precaución evidenciaba la preocupación por la seguridad de la información tecnológica que posee el avión.
Para abordar la situación, un equipo compuesto por catorce ingenieros, tanto de las Fuerzas Armadas británicas como del fabricante estadounidense Lockheed Martin, fue enviado al lugar. Su misión era reparar el complejo sistema de la aeronave. Paralelamente, cuatro soldados del Reino Unido se encargaron de la vigilancia constante del F-35B, operando en turnos de 24 horas para garantizar su seguridad. Las autoridades indias colaboraron ofreciendo alojamiento al personal en la enfermería del aeropuerto, un gesto que se interpretó como una muestra de la creciente cooperación entre la India y las naciones occidentales, particularmente frente a las crecientes influencias en la región. La paradoja residía en que, a pesar de esta colaboración, la India no puede adquirir el F-35 debido a las preocupaciones del Pentágono sobre la posible filtración de secretos a través de la compatibilidad con los sistemas de misiles antiaéreos rusos que posee Delhi.
La causa exacta del fallo del F-35B y los detalles específicos de su reparación se mantuvieron en secreto. Los informes iniciales de la prensa india sugerían que el avión había intentado aterrizar en el portaviones Príncipe de Gales en dos ocasiones sin éxito debido al mal tiempo, lo que lo había obligado a desviarse hacia Kerala. Sin embargo, una teoría posterior, difundida por el diario estadounidense New York Times, añadió una capa de misterio al sugerir que el F-35B podría haber estado en una misión de largo alcance, volando desde el mar Arábigo hacia una base estadounidense en el norte de Australia. Dada la limitada autonomía de vuelo del F-35B (aproximadamente 1.700 kilómetros), un viaje de 10.000 kilómetros habría requerido múltiples reabastecimientos, ya sea en vuelo o en aeropuertos intermedios, lo que hacía la historia aún más enigmática.
Finalmente, después de semanas de trabajo y especulaciones, el F-35B británico logró despegar, poniendo fin a un incidente que resaltó la avanzada pero a veces impredecible naturaleza de la tecnología militar moderna. El exitoso regreso del avión a los cielos concluyó un período de incertidumbre y demostró la resiliencia y la capacidad de las fuerzas armadas para superar obstáculos técnicos en un entorno de alta sensibilidad estratégica.