A su llegada a los verdes paisajes de Escocia, Donald Trump, fiel a su estilo provocador, no tardó en sentar las bases de su visita con una declaración contundente dirigida al continente europeo: \"¡Detengan los molinos de viento y despiértense con su política de inmigración, o no les quedará Europa!\". Este pronunciamiento, emitido apenas pisó suelo en el aeropuerto de Glasgow, marcó el tono de su estancia, fusionando sus intereses personales con una agenda política de alcance internacional. Su viaje, aunque calificado de privado y enfocado en sus propiedades de golf, estuvo acompañado por un numeroso séquito de asesores y un contingente de prensa, evidenciando que su presencia en suelo escocés distaba mucho de ser una mera escapada de ocio.
La animadversión de Trump hacia la inmigración europea y su particular aversión a las turbinas eólicas no son novedades. Sus críticas a la gestión migratoria en Europa han sido una constante en su discurso, mientras que su desdén por la energía eólica se ha manifestado en singulares imitaciones de \"chillidos\" de molinos en sus mítines, a pesar de que estas estructuras son, en realidad, notablemente silenciosas. Su infundada afirmación de que los parques eólicos causan cáncer se suma a su particular retórica. Esta cruzada personal contra la energía del viento, se remonta a la construcción de un parque eólico cercano a una de sus propiedades en Escocia, alegando que este proyecto arruinó las vistas y depreciaba el valor de su inversión.
Más allá de las controversias, la visita de Trump a Escocia adquiere una dimensión política significativa. Se anticipa una reunión crucial con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, un encuentro de alto voltaje programado para el domingo. El objetivo principal de esta cumbre es evitar una inminente guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, prevista para el próximo viernes con la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses del 30% sobre las importaciones europeas. Si estas medidas se concretan, la UE ha manifestado su intención de replicar con gravámenes de 93.000 millones de euros sobre productos estadounidenses clave, incluyendo la soja, el bourbon y componentes de aviación.
Al aterrizar en Escocia, Trump reafirmó sus previsiones sobre la posibilidad de eludir la guerra comercial, estimando un 50% de probabilidades de éxito. Bruselas, por su parte, aspira a una tasa del 15% sobre sus productos en el mercado estadounidense, una cifra que, aunque superior a la actual, es significativamente menor que el 30% propuesto por Trump. Este porcentaje del 15% se alinea con el acuerdo arancelario que Estados Unidos ha pactado recientemente con Japón, lo que podría sentar un precedente. El lunes, Trump tiene previsto un encuentro con el primer ministro británico, Keir Starmer, posiblemente en una de sus propias propiedades. Aunque la agenda incluirá temas de peso como Ucrania y Gaza, la Casa Blanca ha moderado las expectativas, indicando que no se esperan grandes acuerdos de esta reunión.