En una historia que podría parecer sacada de la imaginación de cualquier novelista, el reconocido escritor Javier Cercas recibió una propuesta inesperada tras una firma de libros en Turín. Un emisario del Vaticano le ofreció acceso ilimitado a los misteriosos pasillos de esta institución para escribir un libro sobre un viaje papal a Mongolia, un país donde el catolicismo es prácticamente desconocido. Con su curiosidad intelectual y su escepticismo como guías, Cercas se embarcó en una aventura literaria que desafiaba géneros y convicciones. El resultado es "El loco de Dios en el fin del mundo", una obra que combina crónica, ensayo y reflexión personal.
Cercas, conocido por su capacidad para mezclar hechos y ficción, encontró en este proyecto una oportunidad única para explorar las profundidades de una institución milenaria desde una perspectiva externa pero profundamente humana. Inspirado por la fe inquebrantable de su madre, quien hasta su último aliento esperó reunirse con su esposo en el más allá, el autor utilizó esta pregunta existencial como hilo conductor de su investigación. A través de entrevistas, observaciones y experiencias personales, Cercas logró capturar no solo la complejidad del Vaticano, sino también sus luces y sombras.
El punto de partida de esta obra fue una invitación poco común: escribir desde dentro del Vaticano sin restricciones. Durante meses, Cercas disfrutó de un acceso excepcional, interactuando con miembros clave de la institución y recopilando materiales que lo llevaron a reflexionar sobre temas universales como la fe, la muerte y la eternidad. Su madre, figura central en esta búsqueda, simbolizaba tanto la robustez de la fe católica como las dudas inherentes a la condición humana.
A medida que avanzaba en su investigación, Cervantes se enfrentó a una paradoja: mientras más se acercaba al corazón del Vaticano, más consciente se volvía de las contradicciones internas de la Iglesia. Francisco, un papa definido por su anticlericalismo y su visión inclusiva, se reveló como un líder complejo cuyas acciones y palabras resonaban en un mundo polarizado. Cercas descubrió que el ateísmo, al igual que la fe, también podía ser objeto de duda y reflexión.
El libro no solo explora la figura de Francisco, sino que también ofrece una mirada introspectiva sobre la naturaleza de la creencia en el siglo XXI. A través de conversaciones con misioneros, cardenales y otros actores clave, Cercas retrata una institución en constante transformación, llena de tensiones entre tradición y modernidad. Su narrativa desafía las fronteras entre realidad y ficción, invitando al lector a cuestionar sus propias certezas.
Finalmente, "El loco de Dios en el fin del mundo" emerge como un testimonio de cómo la literatura puede ser una herramienta poderosa para entender fenómenos humanos fundamentales. Al combinar la experiencia personal con la observación objetiva, Cercas logra crear una obra que habla tanto de lo divino como de lo humano. En un mundo donde las divisiones ideológicas parecen insalvables, su libro invita a la reflexión y al diálogo, demostrando que incluso las preguntas más difíciles pueden encontrar eco en las páginas de un libro.