Palmira, un símbolo universal de la brutalidad extremista, fue testigo del heroísmo inquebrantable de figuras como Khaled Al Asaad. Este arqueólogo, dedicado durante más de medio siglo a la preservación de la \"perla del desierto\", se negó a abandonar su legado cuando las hordas del califato irrumpieron en mayo de 2015. Su compromiso, incluso ante la amenaza inminente, encarnó la resistencia contra la destrucción cultural. \"Mi vida se ha dedicado a restaurar estos monumentos y a recibir delegaciones de todo el mundo. ¿Qué pasará con Palmira si todos la abandonamos? Tengo 83 años, estoy jubilado y soy anciano. He vivido aquí y aquí moriré\", relató su hijo Walid. Aunque la ciudad fue recapturada por el ejército sirio en 2017, la huella de la barbarie quedó grabada en el Templo de Baalshamin, el Templo de Bel, el Arco de Triunfo romano y el Tetrápilo, además de un sinfín de estatuas y artefactos antiguos que fueron saqueados o vendidos para financiar las operaciones del grupo terrorista. Irina Bokova, entonces Directora General de la UNESCO, calificó esta devastación como \"un crimen de guerra y una pérdida inmensa para la humanidad\", señalando que el objetivo de esta \"limpieza cultural\" era privar al pueblo sirio de su pasado y su futuro.
La tragedia de Palmira trascendió la mera destrucción material. El dominio del Estado Islámico en la ciudad culminó con la ejecución de casi 200 personas, incluyendo al propio Khaled Al Asaad. Tras un mes de tortura, fue decapitado públicamente cerca del museo que había sido su vida, y su cuerpo fue exhibido como una cruel advertencia. \"Nadie imaginó que lo matarían de una manera tan vil. Mi padre vivió por un principio y murió fiel a esa máxima. Sus asesinos provienen de la Prehistoria y buscan destrozar el Islam y todo lo relacionado con la ciencia y la cultura\", lamentó su hijo. En 2021, los restos de Al Asaad fueron finalmente hallados en Kahloul, al este de Palmira. El periodista Mikel Ayestaran, autor de Las cenizas del califato, quien cubrió el conflicto en Siria, compartió su desolación al presenciar la destrucción de Palmira. Sin embargo, destacó el inestimable trabajo de arqueólogos como Al Asaad, quienes lograron salvar una gran parte del patrimonio material. Estos \"arqueólogos nacionales\" son, según Ayestaran, \"una raza especial que dedica su vida a preservar sus monumentos y su arte\". Maamoun Abdulkarim, ex director del Museo Arqueológico y actual profesor de Arqueología, reveló cómo 300.000 objetos museísticos de todo el país fueron resguardados en Damasco, aunque lamentablemente 10.000 piezas fueron saqueadas de otros sitios. Abdulkarim enfatiza que la historia de Palmira debe servir como un llamado a la reconciliación entre los sirios y un toque de atención para que la comunidad internacional se una en esta \"batalla cultural\", dejando a un lado las diferencias políticas.
A pesar de los esfuerzos de organizaciones internacionales como la UNESCO para preservar el patrimonio desde 2014, la complejidad de la guerra y la burocracia internacional ralentizaron el progreso. No obstante, hubo éxitos notables, como la expedición de 2017 de la UNESCO y el Fondo Aga Khan para la Cultura (AKTC) para iniciar la restauración de Palmira. La firma francesa Art Graphique & Patrimoine, especializada en ingeniería aplicada a monumentos históricos, documentó en 3D el estado de los edificios en Alepo y Palmira utilizando escáneres 3D y fotogrametría con drones. Aurélien Peyroux, ingeniero geométrico, relata cómo su trabajo permitió identificar la inestabilidad de la puerta del Templo de Bel, proporcionando información crucial para su estabilización. Trabajar en una zona de guerra activa, incluso para expertos acostumbrados a entornos difíciles, presentó desafíos inesperados, como el hallazgo de un explosivo sin detonar en la Mezquita de los Omeyas en Alepo. La colaboración con Rusia ha continuado, con expertos trabajando en la restauración del Anfiteatro Romano y el Arco de Triunfo en Palmira, aunque la inestabilidad en la región sigue siendo un obstáculo para establecer plazos firmes.
Alepo, la ciudad más castigada por la guerra, ha sido testigo de un notable éxito en la reconstrucción, gracias en gran parte al Fondo Aga Khan para la Cultura (AKTC). Su enfoque principal ha sido la restauración del zoco medieval, que reabrió sus puertas en julio de 2019 después de haber sido devastado por un incendio en 2012 y por los combates. Aunque la guerra dejó un saldo trágico de más de 400.000 muertos y millones de desplazados, la reconstrucción de Alepo no solo se centra en la arquitectura, sino en la recuperación de la identidad de la ciudad. El arquitecto Mohammad al-Ahmad lidera una iniciativa para capacitar a la población local en el oficio de cantero, una profesión vital en una ciudad construida predominantemente en piedra. Samir Saeed, uno de estos canteros, expresa su orgullo por restaurar su ciudad natal, un oficio heredado de sus antepasados. La arquitecta Fatima Khoullandi reflexiona que su trabajo va más allá de la reconstrucción de edificios; busca restaurar la memoria y el resurgimiento de la vida. En marzo de este año, con casi 300 comercios y tiendas revitalizados, el Aga Khan V enfatizó que la reconstrucción de Alepo es una \"restauración de las relaciones humanas y del comercio\", elementos esenciales para el alma de la ciudad. Mikel Ayestaran subraya la importancia de este casco antiguo, uno de los pocos en Oriente Medio que aún conservan su vitalidad comercial. La recuperación del zoco, el corazón económico y social de Alepo, es crucial para reconstruir el tejido social de generaciones. De cara al futuro, el periodista enfatiza que, más allá del patrimonio, Siria necesita estabilidad y seguridad para que la vida normal y la arqueología puedan prosperar. Un alto el fuego es fundamental para sentar las bases de una recuperación integral.