Jóvenes como Nfansu, Kebba, Ram y Carmo, todos de 17 años y estudiantes de cocina, llegaron a España con la esperanza de un porvenir más prometedor. Residiendo en centros de la Comunidad de Madrid, a menudo son vistos con prejuicios. Sin embargo, para las familias madrileñas que les han abierto sus puertas, son simplemente individuos que, lejos de sus países, anhelan apoyo y una guía en su camino hacia la madurez. Este programa, una colaboración entre Familias para la Acogida, Cesal y la Dirección General de Infancia, Familia y Fomento de la Natalidad, busca crear lazos afectivos duraderos que faciliten su integración en la sociedad. Desde hace cuatro meses, familias como las de Juan y Esther, y María y David, han compartido su tiempo libre con estos jóvenes, ofreciéndoles experiencias que de otro modo no tendrían. Han aprendido el idioma, compartido comidas, explorado ciudades y visitado el mar por primera vez, como Ram, quien, con solo cinco meses en España, ya ha forjado una hermosa conexión con Rocío, quien incluso lo llevó a su Murcia natal. Rocío, consciente de la vulnerabilidad de estos jóvenes al cumplir 18 años y perder el apoyo institucional, se ha sumado al proyecto.
Este proyecto se centra en jóvenes extranjeros que están a punto de alcanzar la mayoría de edad, proveyéndoles un acompañamiento crucial en su proceso de emancipación. Jorge Prades, presidente de Familias para la Acogida, subraya la meta de que estos vínculos perduren más allá de los 18 años, edad en la que muchos quedan desamparados. El programa combina el acogimiento con una formación vocacional esencial para su independencia laboral. Fernando Morán, coordinador de Cesal, enfatiza que, aunque se les capacite, la falta de un soporte humano y personal a menudo lleva al fracaso. Este programa busca llenar ese vacío, brindándoles la estabilidad emocional que necesitan para prosperar.
Además de promover su integración, este programa se propone desafiar los estereotipos negativos asociados a estos jóvenes. Juan, quien junto a su esposa Esther acoge a Nfansu, reflexiona sobre cómo los prejuicios suelen ser generales, pero se desvanecen cuando se conoce a cada persona individualmente. Compartiendo su experiencia previa con una joven que vivió dos años en su hogar, destaca que, al dar un nombre y una cara a estos jóvenes, se crea un vínculo que disuelve la indiferencia. María, que con su esposo David, acompaña a un joven marroquí que acaba de cumplir la mayoría de edad, comparte cómo pequeñas acciones, como celebrar su cumpleaños con una merienda y un regalo significativo, tienen un impacto enorme. Lo esencial, dice, es hacerles sentir valorados y tenidos en cuenta. Salomé, quien ha dedicado 38 años al sistema de protección de menores, destaca la importancia de las figuras de familias colaboradoras y voluntarias como alternativas accesibles al acogimiento permanente.
Salomé enfatiza la responsabilidad social hacia estos niños, argumentando que crecer en un ambiente familiar, en lugar de en instituciones, les dota de herramientas vitales para el futuro. A los 15 años, encontrar una familia permanente es complicado, y estos jóvenes necesitan alguien con quien contar en momentos importantes, como la Navidad o al buscar empleo. Con su esposo Álvaro, Salomé acompaña a Carmo, un joven de Guinea Bissau, ayudándole en su transición a la madurez. Ella le encontró un club de fútbol, su pasión, y lo ha visto integrarse con alegría, lo que refuerza su fe en la humanidad. Para los jóvenes, el tiempo con estas familias es invaluable. Ram, con su español limitado, expresa su sorpresa y satisfacción por la vida en España, mientras Kebba y Nfansu dedican todo su tiempo libre a sus familias de acogida, considerándolos su apoyo más importante. Carmo, más reservado, también valora profundamente el apoyo de Salomé. Estos jóvenes se han convertido en la “envidia” de sus compañeros en los centros, quienes también desean la oportunidad de experimentar algo diferente a la rutina institucional. La consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, Ana Dávila, elogia la generosidad de estas familias, reconociendo que su apoyo emocional es un pilar fundamental en la vida de estos jóvenes.
La Comunidad de Madrid planea expandir este programa de acogimiento familiar para el próximo año, con el objetivo de que los menores tutelados, tanto extranjeros como nacionales, puedan permanecer en un hogar hasta los 21 años. Actualmente, al cumplir los 18, muchos salen del sistema de protección, enfrentando una gran vulnerabilidad a pesar de los recursos existentes. La presidenta Isabel Díaz Ayuso busca extender esta edad de apoyo, ofreciendo una ayuda adicional de hasta 5.000 euros anuales a las familias que continúen cuidando a estos jóvenes. Además del incremento económico, el plan incluirá un seguimiento especializado con apoyo psicológico y social reforzado, especialmente para aquellos que acojan a mayores de 12 años. Este enfoque integral busca asegurar que estos jóvenes no solo tengan un techo, sino también un cimiento emocional y educativo sólido para construir su futuro, reafirmando que el verdadero beneficio de este programa se extiende en ambas direcciones: para los jóvenes que encuentran una familia y para las familias que descubren la riqueza de la generosidad.