Para numerosas mujeres, la regularidad del ciclo menstrual es una quimera. Historias como las de Marta, Inés, Clara y Lucía, reflejan una realidad compartida por un segmento considerable de la población femenina. Un sorprendente 40% de estas mujeres, que no experimentan menstruaciones regulares, sufre de síntomas vasomotores de moderados a severos, comúnmente conocidos como sofocos, sin recibir la atención necesaria durante la transición a la menopausia.
Un reciente estudio publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology destaca que muchas mujeres podrían estar siendo subdiagnosticadas o pasando desapercibidas si el enfoque diagnóstico se limita únicamente a los cambios en el patrón menstrual, como propone el sistema STRAW+10. Expertos como María Jesús Cancelo, de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), enfatizan la necesidad de un diagnóstico clínico más integral. La menopausia se define como el punto en el que una mujer ha estado sin sangrado durante un año, mientras que la perimenopausia abarca el período previo y la posmenopausia el tiempo posterior.
El estudio AMY (Australian Women's Midlife Years), liderado por Susan David de la Universidad de Monash, investigó los síntomas de más de 8.000 mujeres australianas entre 40 y 69 años. Los hallazgos revelaron que los sofocos y la sequedad vaginal son los síntomas que más se intensifican durante la perimenopausia, afectando al 37% de las participantes. Este dato es crucial, especialmente para quienes no tienen menstruaciones regulares, ya que los sofocos se posicionan como el indicador más fiable del inicio de la transición menopáusica, y su impacto en la calidad de vida puede ser considerable.
Existen diversas opciones terapéuticas para aliviar los síntomas vasomotores y mejorar el bienestar femenino. La evaluación individualizada es fundamental para determinar el tratamiento más adecuado. Para síntomas intensos, la terapia hormonal con estrógenos puede ser una solución eficaz, complementada en algunos casos con anticonceptivos hormonales combinados. Para quienes no pueden o no desean usar hormonas, hay alternativas como dispositivos intrauterinos con levonorgestrel o tratamientos farmacológicos no hormonales. El mensaje es claro: no es necesario resignarse a las molestias, ya que existen soluciones accesibles y efectivas.
El estudio también resalta la persistencia y la falta de tratamiento adecuado para las molestias vaginales, como la atrofia genitourinaria, que causa escozor, picor y dolor durante las relaciones sexuales. Afortunadamente, soluciones sencillas como la aplicación local de estrógenos o el uso de hidratantes y lubricantes pueden mejorar significativamente estas condiciones. Superar el pudor y buscar ayuda profesional es crucial, ya que estas molestias son tratables y no deben ser una parte ineludible de la menopausia. El objetivo es que las mujeres vivan esta etapa de su vida con bienestar y sin traumas.