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Testimonio Desgarrador desde Gaza: Un Médico de MSF Relata la Crisis Humanitaria
2025-07-26

Un médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Gaza ha ofrecido un conmovedor relato sobre la desesperada situación humanitaria que azota la región. Su testimonio, cargado de impotencia y desolación, expone la cruda realidad de la hambruna que consume a la población y al personal sanitario por igual. La escasez crítica de alimentos, la ausencia de infraestructuras básicas y la percepción de que esta tragedia es una estrategia deliberada, configuran un panorama desolador que clama por la atención y la acción global. Este profesional, que jamás imaginó vivir una catástrofe de tal magnitud, se enfrenta día a día a la dura tarea de documentar y asistir a quienes sucumben ante la falta de recursos, mientras él mismo experimenta las mismas privaciones.

Mohammed Abu Mughaisib, coordinador médico adjunto de Médicos Sin Fronteras en Gaza, relata la angustia de una realidad impensable hace apenas dos años. Desde el inicio del conflicto, ha compartido las vivencias de sus conocidos y pacientes, tratando de visibilizar el impacto del hambre y la desnutrición en niños, mujeres embarazadas y familias desplazadas. Siempre había documentado la carencia de servicios higiénico-sanitarios y la inseguridad alimentaria como observador, pero nunca creyó que se convertiría en protagonista de esta tragedia. Ahora, su propia experiencia le obliga a sobrevivir con una única comida al día, y en ocasiones, cada dos días, no por falta de medios económicos, sino por la simple ausencia de alimentos en los mercados devastados.

El personal sanitario, incluyendo médicos, conductores de ambulancias y quienes trasladan a los heridos, comparte la misma dolorosa experiencia. Su labor se vuelve casi imposible, pues deben atender a pacientes que mueren de inanición mientras ellos mismos luchan contra el hambre. En las instalaciones de MSF, tanto en el sur como en el norte de Gaza, se registra un número sin precedentes de casos de desnutrición: más de 700 mujeres, entre embarazadas y lactantes, y casi 500 niños con desnutrición severa y moderada. Esta escalada de casos de desnutrición es un fenómeno nunca antes visto en la Franja de Gaza. El médico denuncia que esta hambruna es una situación provocada intencionalmente, que podría terminar si las autoridades israelíes permitieran el ingreso masivo de alimentos, lo cual no sucede. La entrada de víveres se limita a una cantidad mínima, y su distribución está estrictamente controlada y militarizada, lo que convierte la ayuda humanitaria en una farsa que esconde una \"masacre disfrazada de caridad\".

Quienes se aventuran a buscar alimentos en los puntos de distribución de ayuda, como los gestionados por la Fundación Humanitaria de Gaza, se enfrentan a un riesgo mortal. La posibilidad de recibir un saco de harina es tan alta como la de ser impactado por una bala. En Gaza, la vida está siendo sistemáticamente aniquilada. La población no tiene acceso a elementos esenciales como viviendas, agua, electricidad, hospitales o escuelas; incluso las carreteras han sido destruidas. Los habitantes buscan desesperadamente los vestigios de una existencia que les ha sido arrebatada. El médico cuestiona hasta cuándo el mundo permanecerá indiferente y cuántas vidas más se perderán antes de que la comunidad internacional reconozca este atroz sistema como lo que es: una estrategia de aniquilación humana.

La situación en Gaza trasciende la mera falta de recursos; es una aniquilación gradual de la dignidad y la humanidad. El personal de salud, ya agotado, se ve obligado a ser testigo y partícipe de esta devastación mientras sus propias vidas se consumen. La distribución de ayuda, lejos de ser un acto de benevolencia, se percibe como una forma de perpetuar la tragedia, evidenciando una \"masacre\" encubierta. La falta de acceso a elementos vitales y la destrucción de la infraestructura han sumido a la región en un caos total, llevando a una desesperada búsqueda de lo poco que queda de una vida destrozada.

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