Las alteraciones estructurales y funcionales en los órganos genitales de niños y niñas son relativamente comunes durante el período neonatal. Estas pueden presentarse solas o asociadas a otras condiciones en diferentes sistemas del cuerpo, manifestándose con síntomas clínicos o permaneciendo asintomáticas. Aunque más frecuentes en el sexo masculino, tanto infecciones como traumatismos también pueden causar problemas en la infancia. La higiene adecuada juega un papel crucial en la prevención de estas patologías.
En este artículo se describen las anomalías más comunes en cada género infantil, desde adherencias prepuciales y fimosis en los varones hasta malformaciones uterinas e imperforación del himen en las niñas, destacando la importancia de diagnósticos tempranos y tratamientos adecuados para garantizar una correcta salud genital infantil.
El aparato reproductor masculino puede verse afectado por diversas anomalías congénitas o adquiridas en la infancia. Entre las más notorias están las adherencias prepuciales, que suelen desaparecer espontáneamente pero que en algunos casos requieren intervención manual. También es común la fimosis, donde el prepucio impide la exposición completa del glande, lo que generalmente necesita solución quirúrgica conocida como circuncisión.
Otras condiciones incluyen el hidrocele, caracterizado por un exceso de líquido en el escroto, que suele resolverse con el tiempo; el varicocele, formación de venas varicosas en el escroto que rara vez precisa tratamiento en esta etapa; y la hipospadias, una malformación del meato uretral que compromete funciones estéticas y funcionales. Asimismo, la criptorquidia, ausencia de testículos en el escroto, requiere intervención quirúrgica antes de los cinco años para evitar complicaciones futuras relacionadas con la fertilidad.
En las niñas, ciertas malformaciones anatómicas pueden surgir desde el nacimiento sin generar síntomas evidentes en la infancia. Entre ellas se encuentran las malformaciones uterinas, como el útero bicorne o en retroversión, que no suelen interferir en etapas tempranas. Sin embargo, la imperforación del himen puede causar dolor e incomodidad durante la pubertad si no se aborda a tiempo mediante procedimientos simples.
Por otro lado, las sinequias vulvares, caracterizadas por la unión de los labios menores debido a infecciones o falta de higiene, pueden ser corregidas con técnicas manuales y antisépticas. Además, la hipertrofia del clítoris, aunque rara vez problemática, podría estar vinculada a trastornos hormonales. Finalmente, las vulvitis y vulvovaginitis son inflamaciones recurrentes que necesitan atención médica para evitar consecuencias más graves, destacando la relevancia de una higiene adecuada en la prevención de estas condiciones.